BELCHITE (GUERRA CIVIL)

BELCHITE (GUERRA CIVIL)

Es sorprendente pero sucede a menudo.

Cuando un grupo musical (no melancólico o «pasteloso» por decirlo de alguna manera) sigue un estilo de música y, de repente, deciden hacer un tema distinto a su línea habitual, por norma general aciertan.

Hombres G fue (es) un grupo musical de pop con un particular estilo que se diferenciaba del resto de grupos musicales. La diferencia venía por el tipo de letra de sus canciones, de carácter desenfadado y con cierto toque burlesco.

¿Y qué tiene que ver un grupo como Hombres G con Belchite?

Pues que un día decidieron hacer esa canción distinta. Y la clavaron.

Y con ese tema y con las siguientes 6 imágenes sacadas de ese vídeo-clip empiezo el reportaje. Al final de las 6 imágenes, el vídeo-clip de los Hombres G que hablaba de esta guerra entre hermanos, conocida por Guerra Civil Española.

 

 

 

 

 

Se llamó «Esta es tu vida» y tanto su letra como sus imágenes lo decían todo:

 

 

BELCHITE EN LA GUERRA CIVIL

La batalla de Belchite fue una batalla de la Guerra Civil Española (1936 – 1939) que tuvo lugar en Belchite (Zaragoza) entre el 24 de agosto y el 6 de septiembre de 1937 en el marco de la ofensiva del Ejército Popular sobre Zaragoza. La conquista de esta localidad movilizó un gran número de hombres y medios militares del Ejército Popular que habrían podido ser utilizados en el avance hacia la capital aragonesa, principal objetivo de la operación.

 

 

CONTEXTO: OFENSIVA SOBRE ZARAGOZA

En las elecciones de febrero de 1936 el PSOE se hizo con la alcaldía de Belchite nombrando alcalde a Mariano Castillo Carrasco. La población contaba entonces, según el censo de 1935, con 3.812 habitantes. El 18 de julio de 1936 se produce el golpe de estado contra el gobierno republicano que desata la Guerra Civil. En Belchite y su comarca tropas sublevadas formadas por falangistas y guardia civil, van pueblo por pueblo deponiendo a los ayuntamientos del Frente Popular y llevándose detenidos a los cargos electos de izquierdas y simpatizantes más significados, que más tarde serían “paseados” o asesinados a las afueras. Se estima que se fusilaron a un mínimo de 170 personas en los pueblos de la comarca. En Belchite es detenido el alcalde y su familia. Mariano Castillo se suicida el 31 de julio siendo su cadáver hallado en el lugar denominado las Borderas. Su hermano y su mujer fueron ejecutados. Junto a ellos murieron políticos, maestros como el de Samper del Salz, campesinos, jornaleros y trabajadores, incluso un alcalde puesto por los sublevados, Victorián Lafoz y Benedí, alcalde de La Puebla de Albortón al oponerse al fusilamiento de los republicanos.

Belchite estaba bien fortificada y venía siendo desde principios de 1937 uno de los principales objetivos de las tropas republicanas en el Frente de Aragón.

Después del fracasado intento de demorar el avance de los sublevados en el Norte mediante el ataque a Brunete, el gobierno republicano presidido por Juan Negrín y con Indalecio Prieto como ministro de Defensa, decide llevar a cabo una nueva ofensiva en Aragón con el mismo objetivo que la anterior, esto es ralentizar el avance de las fuerzas rebeldes en el frente del norte. No obstante, la decisión no solo tenía razones de orden militar, sino también político, ya que el gobierno central estaba preocupado por la influencia de los anarquistas de la CNT en el Consejo Regional de Defensa de Aragón (el cual funcionaba en la práctica como un gobierno independiente) y de las columnas de milicianos de CNT y POUM en el frente de Aragón.

El plan republicano era atacar simultáneamente por tres puntos fundamentales y cinco secundarios en dirección a Zaragoza en una franja central de 100 km entre Zuera y Belchite. El dividir las fuerzas atacantes entre siete puntos distintos tenía por objeto dificultar el contraataque de los sublevados, así como ofrecer el menor blanco posible a los ataques aéreos.

Participan 80 000 hombres del recién formado Ejército del Este y las XI y XV Brigadas Internacionales; al mando de «Walter» (Karol Swierczewski) iba la 35.ª División, que ahora incluía la XV Brigada Internacional (británicos, canadienses y americanos); tres escuadrillas de la aviación republicana con Polikarpov I-16 (moscas), Polikarpov I-15 (chatos) (unos 90 aviones en total) y 105 carros T-26 soviéticos.

En los dos primeros frentes (norte y centro) solo se logró ocupar terreno vacío. En el frente sur las poblaciones de Quinto, Mediana y Codo estaban escasamente guarnecidas y cayeron en poder del ejército republicano el 26 de agosto, aunque las tropas republicanas de la 11.ª División (mandada por Enrique Líster) y de la 24.ª División gastan algunos días más en reducir los núcleos de resistencia del ejército sublevado que van quedando atrás, deteniendo el avance hacia Fuentes de Ebro.

 

 

 

COMBATES EN BELCHITE

Las tropas de la 45.ª División Internacional, dirigidas por Emilio Kléber, llegaron a seis kilómetros de Zaragoza y amenazaron directamente la ciudad, pero no lograron lanzar un ataque contra ella. Mientras tanto, las Divisiones 11.ª y 35.ª se tuvieron que dedicar a eliminar un foco de resistencia en la localidad de Belchite, en torno a la cual se habían concentrado varios miles (entre 3000 y 7000 según las fuentes) de combatientes sublevados dirigidos por el comandante y alcalde de la población Alfonso Trallero. Otras fuentes, sin embargo, señalan que fueron fuerzas del XII Cuerpo de Ejército las que llevaron el peso de las operaciones en el asedio de Belchite.

Los primeros combates en torno a Belchite ocurrieron los días 24 y 25 de agosto. Las brigadas mixtas 32.ª, 117.ª y 131.ª tomaron la estación de ferrocarril el 25 de agosto. A continuación realizaron un movimiento en forma de tenaza sobre la población de Belchite, rodeándola desde sus dos extremos.​ El día 26 la población quedó completamente cercada.

Parapetados en fortificaciones de hierro y cemento y disponiendo de varios nidos de ametralladoras, los sublevados aprovecharon los edificios de Belchite para instalar su dispositivo cerrado de defensa, colocando sacos de arena como barricadas en las calles de la localidad, además de carros y escombros, todo ello para retardar el avance de las fuerzas republicanas que trataban de reducir la bolsa. Las tropas sublevadas estaban bien pertrechadas para resistir un largo asedio, pero el ejército republicano no podía permitirse perder tiempo y por eso decidió asaltar la ciudad. Se sucedieron duros combates callejeros en medio del intenso calor del verano aragonés.​ A los sitiados se les cortó el agua y la falta de comida y suministros médicos empezó a hacerse notar a medida que la intensidad de la lucha aumentaba.

El asalto urbano le fue encomendado a la XV Brigada Internacional. El 31 de agosto los brigadistas lograron llegar a la fábrica de aceite. Al día siguiente la aviación republicana atacó sistemáticamente el casco urbano. Por su parte, la artillería republicana realizó un duro bombardeo desde sus posiciones en el Cabezo del Lobo, a cuatro kilómetros de la localidad. El 3 y el 4 de septiembre tuvieron lugar combates casa por casa en los que fueron cayendo los últimos reductos del autodenominado bando nacional. En torno a la calle Mayor tuvieron lugar los principales combates. Para el día 4 todavía existían dos núcleos de resistencia en la localidad: el Ayuntamiento, situado en la plaza nueva, y la iglesia de San Martín, en el extremo oriental de Belchite.

El día 5 la iglesia de San Martín fue tomada por las fuerzas republicanas, tras sufrir importantes bajas. Ese día el general Sebastián Pozas, comandante del Ejército del Este, visitó Belchite y tomó la decisión de retirar a las brigadas internacionales; quedaron dos brigadas mixtas españolas, la 32.ª y la 153.ª, que se encargarían de las operaciones finales. En la madrugada del día 5 al 6 los últimos defensores que resistían en el ayuntamiento intentaron la huida a la desesperada. Unos trescientos consiguieron cruzar las líneas republicanas y de ellos unos ochenta llegaron a Zaragoza. El alcalde-comandante Trallero murió en los combates, mientras manipulaba un mortero en la Plaza Nueva, así como otros vecinos de la localidad.​ El 6 de septiembre Belchite fue finalmente asegurada por las fuerzas republicanas.

Desde el exterior los sublevados intentaron romper el cerco: desde Zaragoza las fuerzas sublevadas lanzaron una contraofensiva el 30 de agosto para socorrer Belchite,​ pero fue detenida por la 45.ª División de Kléber y no logró, por tanto, evitar que la localidad cayera en poder del Ejército Popular de la República.

 

 

 

CONSECUENCIAS

La batalla de Belchite se saldó finalmente con la toma por los republicanos del pueblo, que quedó completamente devastado. Se estima que murieron 5000 personas en 15 días; las fuerzas republicanas hicieron 2411 prisioneros.

La operación produjo un retraso en la ofensiva de Zaragoza, que dio lugar a que los rebeldes pudieran reforzar sus posiciones y el frente quedara estabilizado. La división de Emilio Kléber no pudo lanzar por sí sola un ataque decisivo contra la capital aragonesa.

Terminada la guerra, el régimen de Francisco Franco decidió no reconstruir el pueblo sino crear uno nuevo al lado, hoy conocido como Belchite nuevo, utilizando prisioneros republicanos como mano de obra. Las ruinas del anterior se dejaron intactas como recuerdo de la Guerra Civil. El conjunto se conoce como Pueblo Viejo de Belchite.

Las víctimas de las diferentes batallas y represiones fueron enterradas, los de el «bando nacional» en una fosa común que se hizo en un pozo de aceite, un trujal, próximo a la calle mayor y al edificio que se utilizó como hospital. En ese lugar se levantó un monumento conmemorativo a las mismas. Las víctimas del lado republicano no fueron enterradas, algunas de ellas, en plena ofensiva, tuvieron que ser quemadas en el plaza del pueblo, otras, en especial las fusiladas en la represión, abandonadas en cunetas y otros lugares. Según otras fuentes en «El Trujal» hay víctimas de ambos bandos, tanto civiles como militares.

La toma de Belchite por las tropas franquistas en marzo de 1938 da paso a la tregua y, tras el fin de la guerra, el planteamiento de la reconstrucción.

 

 

EL NUEVO PUEBLO (NUEVO BELCHITE)

En la construcción del Pueblo Nuevo se realizó contando con un batallón de presos republicanos, unos 1000 hombres, que fueron alojados en un campo de concentración cercano al lugar que se denominó «Pequeña Rusia». En los pabellones del campo de concentración dieron acogida, aparte de a los presos, a familias de ideología de izquierdas y progresista.

La ley del 23 de septiembre de 1939 determinaba que todas las poblaciones que hubieran sufrido una destrucción del 75% serían «adoptadas por Franco». Belchite, junto con Teruel, fueron declarados «Pueblos adoptados por el caudillo» por el decreto del 7 de octubre de 1939, siendo las dos primeras localidades en tener esta distinción. Antes, el 26 de enero de 1939, el ayuntamiento de Belchite cambió el nombre del pueblo, denominándolo «Belchite de Franco» y el 6 de febrero el alcalde en persona comunicó a Franco el «más sincero agradecimiento de los vecinos por el interés de demostrado a su favor». La relación de las autoridades municipales con los responsables del régimen franquista fue excelente; muestra de ello es que el 7 de octubre de 1945 se mantuvo el régimen especial que gozaba la localidad y en la reunión de los alcaldes de las 118 localidades «adoptadas» con Franco en Madrid el 28 de julio de 1940 el portavoz de todas ellas fue el alcalde de Belchite.

Belchite, convertido así en símbolo de la Victoria, pasó a su reconstrucción. El coste no solo fue asumido por la administración, sino que se registraron numerosas donaciones particulares, entre las que destaca la del Ayuntamiento de Zaragoza que realizó la compra de los terrenos en los que se asentaría el nuevo pueblo. La compra se realizó por 57.969 pesetas, que era el 34% del valor de las indemnizaciones a los propietarios de esos terrenos. Esta decisión se tomó el 27 de junio de 1939, justificada porque «gracias a la resistencia heroica y prolongada fue contenida la avalancha marxista contra la capital de Aragón».

En junio de 1939 se publica un oficio en el que se expresa la prohibición para ejecutar obras de reparación en los edificios dañados por la guerra. En abril de 1940 se publica en la revista «Reconstrucción» un artículo que manifiesta la intención de no proceder a la reconstrucción de la población, sino la de dejarla con los daños de la guerra y construir a su lado una nueva trama urbana, un nuevo pueblo. La intención, como se manifiesta en el artículo titulado «El símbolo de los dos Belchites», es la de escenificar el símbolo de dos épocas y de dos sistemas políticos distintos.

En la siguiente captura de imagen puedes observar lo que fue el antiguo pueblo de Belchite (delimitado por la línea roja) y, un poco más arriba, el actual pueblo construido desde cero al finalizar la Guerra Civil:

 

 

LO QUE QUEDÓ DEL VIEJO BELCHITE

Y tal como decía la ley del 23 de septiembre de 1939, el pueblo viejo de Belchite se dejó en ruinas sin posibilidad de volver a ser reconstruido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En una parte del pueblo encontramos el Trujal, del que ya he hablado en la introducción.

El Trujal fue durante siglos el lugar donde se prensaban las aceitunas para hacer aceite. Unas cubas de piedra y ladrillo enormes (cuatro metros por lado) en las que se apilaron hasta 80 cuerpos después de la batalla. Se dice que muchos muertos republicanos fueron quemados ante la imposibilidad de enterrarlos a todos.

En 1955 esa finca fue cedida por sus propietarios al ayuntamiento.

 

 

Y al lado de una vieja fuente, en la plaza Vieja…

la cruz de hierro forjado por los que perdieron recuerda a los caídos del bando de los que ganaron.

 

 

Vista genérica de la Plaza Vieja y sus aledaños:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A pesar de la prohibición de reconstruir el viejo pueblo, tras la guerra, a algunos vecinos no les quedó más remedio que vivir en lo que fueron los restos de sus casas de forma temporal hasta la construcción de lo que serían las nuevas casas en el nuevo pueblo. Además, algunos espacios se siguieron aprovechando como almacén.

En un extremo del pueblo se encuentra este pequeño almacén que sirvió de garaje, décadas después de la guerra, donde algún vecino guardaba sus coches donde hoy yacen abandonados y destartalados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Belchite fue un pueblo importante que contaba con diversas construcciones culturales que paso a describir a continuación:

 

 

TORRE DEL RELOJ

Es una torre de estilo mudéjar, datable a finales del siglo XV. Está construida totalmente en ladrillo y originalmente presentaba planta cuadrada, estructura de alminar almohade, con machón central hueco, y dos cuerpos en altura más un remate de forma piramidal. Los bombardeos ocasionaron la pérdida del remate y del segundo piso, que cumplía función de cuerpo de campanas. Actualmente el primer piso sólo conserva decoración en su parte superior, observándose diversos frisos de esquinillas al tresbolillo y de cruces de varios brazos formando rombos. El reloj que le daba nombre fue colocado en el siglo XVIII, rompiendo para ello un vano geminado de medio punto.

 

 

 

 

 

IGLESIA DEL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

El convento quedó abandonado en el siglo XIX con motivo de la Desamortización de Mendizábal, aunque la iglesia siguió abierta al culto hasta la revolución de 1868 que originó la caída de la reina Isabel II. En 1869 parte del convento y de la iglesia se incendió, lo que ocasionó graves daños en el conjunto. De 1887 a 1890 la iglesia se restauró por iniciativa de mosén Felipe Ayala y con la aportación económica de los vecinos del pueblo. Finalmente, durante la Guerra Civil de 1936-39 la iglesia, al igual que el resto de la villa, sufrió gravísimos daños, aunque entre 1939 y 1945 se volvió a rehabilitar para su uso como parroquia del pueblo nuevo hasta que se terminó la construcción de la iglesia nueva. Aún se utilizó para el culto público hasta 1964, año en que se terminó el traslado de los belchitanos al nuevo Belchite, quedando a partir de entonces definitivamente abandonada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONVENTO DE SAN RAFAEL

Fue inaugurado en 1781 y hasta la guerra civil estuvo habitado por las madres dominicas, momento en el que se trasladaron a un convento de nueva construcción en el pueblo nuevo. Está situado justo enfrente de la iglesia de San Martín de Tours y tiene dos dependencias claramente diferenciadas. Por un lado, las conventuales y por otro la iglesia de estilo barroco, ambas en ruinas. La iglesia fue obra de Nicolás Bilsa y su construcción terminó en 1777.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IGLESIA DE SAN MARTÍN DE TOURS

Fue construida en las primeras décadas del siglo XV, aunque con posterioridad, entre 1550 y 1560, sufrió algunas reformas. Entre éstas destacaron la elevación de la nave, la construcción de una galería superior, el cegamiento de algunos vanos y la apertura de otros nuevos, así como la decoración exterior del ábside. Además en el siglo XVIII se amplió la nave con un tramo más a los pies, se modificaron algunas capillas laterales y se construyó la portada monumental.

Tanto la iglesia como la torre tienen un basamento de piedra sillar, aunque el resto de la construcción está realizada en ladrillo. Originalmente se trataba de una iglesia gótico-mudéjar con ábside poligonal y nave única cubierta con bóvedas de crucería, sometida a las citadas ampliaciones y reformas. La torre, adosada al lado meridional de la iglesia, tiene planta cuadrada y estructura de alminar almohade con machón central.

 

 

 

 

 

 

 

En su puerta encontramos el texto que escribió un vecino del pueblo en su momento y que hoy también forma parte del patrimonio de Belchite.

«Pueblo Viejo de Belchite, ya no te rondan zagales, ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres».

 

 

 

 

 

 

En el alateral de la parte central de la cúpula, se observa el agujero que dejó un obús.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En los alrededores del pueblo todavía pueden observarse las cuevas que los vecinos escavaron durante la guerra para poder protegerse de los bombardeos. Algunas de ellas fueron usadas tras finalizar la guerra como bodegas para guardar enseres.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEMINARIO

Estaba formado por varios edificios de grandes dimensiones y a su vez rodeados por un muro en todo su perímetro. Según diversas fuentes llegó a albergar 200 seminaristas (en un gran edificio que ya no existe y que estaba al lado del que muestro a continuación), convirtiendo el área en un bastión fácilmente defendible. Por otro lado era vital para los defensores ya que protegía el acceso al agua potable del río Aguasvivas además de controlar la carretera dirección Zaragoza a Lécera.

 

 

 

 

LA «PEQUEÑA RUSIA»

Las necesidades de alojamiento creadas por los destrozos de la guerra y de dar cobijo a los prisioneros que iban a trabajar en las obras de construcción del Pueblo Nuevo, un destacamento de un millar de hombres,​ dieron lugar a la construcción de un campo de concentración que fue conocido con el nombre de «Rusia» o, más popularmente, la «Pequeña Rusia» haciendo referencia a que los que estaban en él, familias de Belchite consideradas de izquierda y prisioneros republicanos. El campo permaneció abierto desde 1940 hasta 1945 y sus instalaciones, dedicadas después de su cierre a diferentes fines, especialmente agrícolas, se conservan 80 años después.

El origen del campo tiene lugar en 1938 tras la caída del pueblo en manos de los Nacionales. Auxilio Social construye 15 barracones donde son alojados vecinos considerados de izquierda que no habían abandonado el pueblo. Con el comienzo de las obras del Pueblo Nuevo pasa a alojarse allí el batallón de prisioneros republicanos obligados a trabajar en ellas. Las extremas condiciones de vida y trabajo a las que fueron sometidos provocaron la muerte de muchos de ellos.

El campo se ubicó en un meandro del río Aguasvivas cerca de la ermita de la Virgen de los Desamparados, en la carretera de salida del pueblo hacia Lécera, frente a las ruinas del antiguo seminario menor. Está formado por tres estructuras: un gran pabellón al que se adosan perpendicularmente otros cuatro. Tenía instalaciones varias como capilla y torre de vigilancia.

Actualmente los vecinos de la zona han dividido las naves en pequeños espacios de los que se han apropiado para guardar sus enseres. No hay fotos de dentro de las edificaciones por este motivo: porque es una zona en uso y vigilada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA NOCHE EN BELCHITE

Cae la noche en Belchite y afloran las leyendas: algunos hablan de psicofonías en la oscuridad mientras que otros afirman escuchar el ruido de motores de los aviones de guerra que bombardearon el pueblo.

Cada uno cuenta sus fantasías pero pasear de noche por Belchite invita a la reflexión. Una guerra que no debió haber sido y que aún hoy causa mella en la historia reciente de España.

Y como decía la letra de Hombres G:

«Hey tú!
Ellos esperan una palabra de tus labios.
Hey tú!
Ellos no quieren que les enseñes a matar.
Hey tú!
Ya no hay batallas en las playas.
Ya no hay gente que se calla.
Aunque todavía se muere por la libertad.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RODÉN

Si te ha gustado el reportaje y quieres conocer algo más acerca de la Guerra Civil en Aragón, échale una ojeada a la página Despoblados y Abandonados en la que habla de Rodén, un pueblo que tuvo una historia similar a la de Belchite (salvando las distancias, claro) pero de la que no tuvo tanta repercusión: clicka aquí para ver el reportaje.


One comment

  1. gloomy_places
    1 noviembre, 2020 at 8:00 pm

    Puede que el señor que escribió aquella frase en la puerta de la iglesia de San Martín de Tours firmara como NB por «Nuevo Belchite», como si hablara en nombre del nuevo pueblo. Aunque pueden ser también sus iniciales, a saber

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