Febrero de 2010.

Son las tantas de la madrugada de un domingo. La ciudad donde he nacido, Barcelona, lleva rato durmiendo.

Me encuentro en la calle Provença y el único ruido que se escucha en ese momento es el motor diesel de mi coche, cruzando las rectas calles del barrio de l´Eixample, en dirección al barrio de Sants. He terminado mi jornada laboral y hay ganas de llegar a casa.

Justo entre la calle Casanova y Muntaner se encontraba el viejo cuartel de los bomberos del barrio. Sabía que en breve iba a ir al suelo así que llevaba un tiempo haciéndole un seguimiento.


A punto de llegar a la calle Muntaner y con el semáforo en verde, me disponía a acelerar un poco más. Las calles del barrio de l´Eixample son amplías y el campo de visión es grande: había que aprovechar. Pero surgió un imprevisto.

Justo en una de las puertas del cuartel, se encontraba un hombre fumando: era el vigilante. El cuartel registraba ya poca actividad debido a que parte de sus instalaciones habían sido trasladadas a un nuevo recinto, el del Parc de l´Escorxador, no muy lejos de allí. No obstante, había vigilante para evitar la entrada de okupas.

Así fue como en pleno semáforo en verde decidí clavar los frenos, tirar marcha atrás y aparcar en plena acera. El vigilante no entendía nada. Evidente.

Me presenté brevemente. Le dije que era fotógrafo, que sabía que ese edificio histórico iba al suelo y que estaría interesado en saber si podría contactar con alguien de allí para poder fotografiarlo.

Charlamos poco rato pero me dio algunas instrucciones para poder hablar con algún responsable.

Terminada la conversación me pidió un favor: si podía ir a la calle de arriba a comprarle tabaco a un bar abierto que había una calle más arriba.

Acepté pero le dije que prefería dejar el coche en el cuartel e ir andando a buscar el tabaco. Así fue como tuve la primera toma de contacto con este emblemático lugar.

Pocos días después, y con autorización, me adentraba dentro del cuartel.


Este cuartel del parque de bomberos de Barcelona fue construido en 1932 durante la segunda república. Ocupaba la mitad norte de la isla delimitada por las calles Mallorca / Villarroel / Provença / Casanova que había dejado libre el mercado del Ninot construido en la mitad sur. El proyecto era una construcción en forma de "U" con la salida de los coches y de los camiones por la calle Provença.












Dentro del recinto se encontraba este garaje en el que todavía se guardaban los vehículos más antiguos utilizados en su momento por el cuerpo de bomberos.

Actualmente son piezas de museo que son sacadas en ocasiones muy puntuales para cabalgatas o exposiciones.
























El patio interior, donde se podía apreciar (al final de éste) las viviendas donde en tiempos anteriores habían vivido los altos responsables del cuartel.











Una torre de cincuenta metros, por avistar desde arriba las llamas y los humos de los incendios, presidía el patio interior del cuartel.




En la fachada de la calle Villarroel se puede observar (al fondo) un bloque de pisos. Anteriormente habían habido otras dependencias del cuartel que fueron demolidas para construir el bloque de pisos (con el que no guardaba relación con el cuartel).

Contaba un periódico como un vecino de ese bloque, que estaba reparando un aparato de aire acondicionado que colgaba de su ventana, fue sorprendido por una de las grúas de los bomberos que al ver al vecino, se prestaron de forma voluntaria para acabar de arreglar el aparato de aire acondicionado gracias a las escaleras de uno de los coches de bomberos, que se acercó hasta la fachada trasera.




A pocos días de terminar su actividad como cuartel, todavía podían verse los vehículos utilizados ese 2010:




















En el piso superior, las instalaciones donde los bomberos pasaban las horas, atentos a cualquier emergencia que se produjese en la ciudad.




El pasillo principal disponía de varias plataformas con acceso directo al garaje. De esta forma, en caso de emergencia, los bomberos se deslizaban por el esas plataformas y así poder ganar tiempo.






El cuartel constaba de varias dependencias: he aquí el repaso de las más destacadas:

Vestuarios:


Centro de seguridad a través de cámaras para avistar incendios:




Biblioteca:








Bar - comedor:












Otro punto no menos interesante, eran la casas de los máximos responsables del cuartel. Aunque en sus últimos años ya no vivía nadie, las siguientes fotografías muestran lo que habían sido las residencias de estos responsables:
















El cuerpo de bomberos fue uno de los pioneros del deporte del voleibol en Catalunya. A mediados de los años setenta, en la fachada del lado de la calle Provença se construyó un segundo piso.


Esta ampliación permitió que en 1975 se inaugurase una pista deportiva donde el equipo de voleibol de los bomberos, que llegó a militar en la primera división, jugase sus partidos. Detrás quedaban más de dos décadas de jugar en la pista del patio del mismo cuartel.


















En el pequeño jardín triangular de la esquina de Provença con Villarroel se podía observar una estatua de piedra (en la foto, apuntalada ya que esos días se estaba haciendo su traslado). La obra se inauguró el 26 de enero de 1967 y consistía en una estatua de piedra con un bombero que sujetaba a una niña en brazos. Dicha obra era del escultor Sebastià Badia (1916-2009).


El monumento era un recordatorio a los compañeros fallecidos:


Finalmente, el edificio fue demolido en 2010 para dar paso a lo que tiene que ser la futura ampliación del Hospital Clínic, cuyo edificio principal se encuentra justo enfrente.

Agradecimientos a Mariluz Puente por el vídeo del parque de bomberos.

La información con la historia del lugar así como las tres fotos antiguas han sido cogidas del blog Barcelofília.





Regresar