Corría el año 2004. Por aquellos entonces la afición de la exploración urbana en España era inexistente y los que la practicábamos éramos pocos y no nos conocíamos.

Aficionado también a conducir, me movía yo solo por distintas zonas, no necesariamente buscando lugares abandonados sino que mis rutas eran en función del simple hecho de salir a conducir.

Una de esas rutas era la peligrosa autovía C-17 y, junto a ella, en un lateral dirección Francia en plena población de la Ametlla del Vallès (Barcelona), se encontraba el hotel del Vallès (con acento grave debido a que es un nombre catalán), cerrado desde hacía 10 años.


No llevaba demasiado tiempo con mi nueva cámara digital (venía de la cámara de carrete porque, como siempre, entro tarde en las nuevas tecnologías) así que no supe centrar el hotel en la foto. El Renault Clio que aparece era el coche de empresa que llevaba yo ese año.


Si eres seguidor de esta web desde sus orígenes, recordarás que uno de mis primeros reportajes fue el de este hotel. Acabé retirándolo porque solamente disponía de fotos exteriores y la nueva política de la web (impuesta por mí mismo) obligaba a retirar reportajes en los que no había fotos interiores.












No las hubo porque no pude acceder a él: se me habían adelantado. Para mi sorpresa, un grupo de okupas se había instalado allí.

No iba a haber reportaje, así que me limité a observar, de la forma más discreta posible y desde una terraza lateral del hotel, para ver que se cocía allí.


Camiones, autocares, caravanas ocupaban el parking donde años atrás habían aparcado los clientes.

Los okupas se habían apoderado del hotel y por el tipo de vehículos que llevaban, estaba claro que sus vacaciones allí iban a ser largas.

Pero mientras se van, echemos una ojeada rápida a la historia de este edificio, tan emblemático en su momento:


Año 1966:

Matías Barres, un constructor nacido en l´Ametlla del Vallès, decide planificar y poco después ejecutar las obras de un motel (los moteles, con "m", eran lugares en los que solamente se pernoctaba y desayunaba) en plena carretera N-152 (actual autovía C-17), una carretera que enlazaba Barcelona con el norte de Catalunya hasta llegar a Francia.

(Decir que el nombre de Matías Barres será de vital importancia para entender algunos aspectos de este reportaje.)



Año 1969:

Se inaugura el establecimiento pero en lugar de inaugurarse como motel, se hace como hotel:




La importancia de este hotel en la zona del Vallès quedó vigente el día de su inauguración, el 23 de junio de 1969, en el que asistieron los políticos más importantes así como destacables personalidades de la comarca:


Antaño, los hoteles de carretera eran imprescindibles para los conductores que, debido a las largas distancias existentes entre el origen y destino de sus rutas, necesitaban un lugar para pernoctar.

Iban también dirigidos a representantes de comercio (figura muy habitual en esa época) que buscaban o visitaban clientes de la zona.

Además de hotel, también había la idea de que las empresas pudiesen celebrar allí sus reuniones así que para ello se dejó el espacio específico para dichos eventos: concretamente para 4 salas.

El éxito del establecimiento no tardó en venir así que a principios de la década de los ´70 se decide ampliar el edificio con nuevos espacios para las salas de reuniones. El hotel se expande por su lateral izquierdo y en su parte trasera (como más adelante podrás ver en las fotos).

Cabe decir que el hecho de que las empresas optasen por hacer sus reuniones en los hoteles les daba a éstas un valor añadido y eso gustaba a los empresarios, que les daba tanto a ellos como a sus empresas una imagen categórica.

De 4 estrellas primero y 3 después (para no tener que pagar tantos impuestos), el hotel del Vallès constaba de 54 habitaciones (a las que posteriormente se les añadiría aire acondicionado) y piscina.





Un dato vital y que daba cuenta de la importancia de este hotel era el número de personas trabajando: en sus mejores tiempos llegó a tener nada más y nada menos que 72 trabajadores. El cliente tenía que estar bien atendido y para ello no se escatimaba en personal.

Muchas parejas optaban por celebrar allí su banquete de boda, habiendo incluso llegado a celebrarse hasta 4 o 5 banquetes a la vez en el mismo día.

Las reuniones empresariales seguían también celebrándose a buen ritmo. Algunas de estas empresas aprovechaban para anunciar sus eventos en los anuncios oficiales de los periódicos para obtener más prestigio.

Un ejemplo fue el de la empresa Floïd (empresa dedicada al cuidado facial masculino), que aprovechaba una de sus convenciones para anunciarse a lo grande (septiembre de 1981):


Por el hotel del Vallès también pernoctaron equipos de hándbol o de baloncesto que competían contra equipos de Granollers, ciudad cercana al hotel.

Vic Buckingham, entrenador del Fútbol Club Barcelona entre 1969 y 1971, también se había alojado allí junto con toda su plantilla de jugadores.

Un detalle que dice mucho de este lugar fue cuando el hotel albergó a la selección argentina de Diego Armando Maradona durante el mundial de fútbol de España de 1982.

Otra de su época dorada fue durante los juegos olímpicos de Barcelona (1992). En esos principios de la década de los ´90 dicha ciudad no disponía de una infraestructura hotelera lo suficientemente amplia como para albergar a toda la gente que, desde todas las partes del mundo, venía a ver este gran evento. El hotel, aún estando a unos 37 kms. del centro de Barcelona, alojó también a toda esa gente que no encontró alojamiento en esta ciudad.

Incluso el COB (organismo oficial de los juegos olímpicos) dio una subvención económica al hotel a modo de alquiler con la intención de que éste alojase en exclusiva a los deportistas o gente relacionada que iban a participar en ese evento.



MALA GESTIÓN Y CAMBIO DE DIRECCIÓN (1989)

Para poder entender cómo se gestionaba este hotel, explico en un par de líneas su funcionamiento: este hotel pertenecía a la familia Barres (con el ya citado Matías Barres al frente) pero la gestión la llevaba otra familia (para no poner nombres, voy a llamarles como "familia gestionadora"). La familia Barres era la propietaria del hotel pero había alquilado el establecimiento a la familia gestionadora que eran los que llevaban las riendas del negocio.

El contrato que tenían ambas familias era el siguiente: la familia gestionadora pagaba cada mes a la familia Barres un porcentaje de las ganancias económicas que generaba el establecimiento.

Pero lo que empezó siendo un trato de amistad entre dos familias, acabó muy mal: la familia gestionadora ocultaba parte de los beneficios a la familia Barres para no tener que pagarles tanto.

Otro problema que presentaba la familia gestionadora era el impago de la Seguridad Social a los trabajadores (a finales de la década de los ´80 constaba de 54 empleados).

A todo ello, en 1988 se les acababa el contrato a la familia gestionadora y ante el anuncio de que no se les iba a renovar dicho contrato, poco faltó para que éstos llevaran a juicio a la familia Barres por no estar de acuerdo con la no renovación del contrato. No se llegó a tal punto por un acuerdo económico entre ambas partes pero la relación quedó tocada para siempre.

Tras la rotura de acuerdos de ambas familias, en 1988 o 1989, la familia Barres(propietaria) pasaba a coger la dirección del hotel: para ello se crea la sociedad llamada Rinerco S.A.



EL NUEVO GESTOR (RINERCO S.A.) Y LOS TRABAJADORES

Rinerco S.A. sería la nueva sociedad gestora formada por diversos miembros de la familia Barres. Ese año (1989) el hotel seguía siendo rentable pero el balance económico era negativo debido a que hubo que ir pagando poco a poco la Seguridad Social de todos esos trabajadores. Se calcula que las pérdidas económicas para pagar la enorme deuda que tenían con la Seguridad Social estaba siendo de unos 3 millones de pesetas / mensuales.

Otro problema que presentaba el hotel eran algunos de sus trabajadores:

muchos llevaban años allí y eso hacía que se tomaran demasiadas confianzas. Un ejemplo claro era el del jefe de barra del bar: empezó a trabajar en los ´70 y fue expulsado en los ´80 debido a que cuando algún cliente consumía algo, el precio de esa consumición no siempre era registrado en caja. Esto hacía que ese dinero pudiese ir perfectamente al bolsillo de éste en lugar de ir a la contabilidad del hotel. Este acto presentaba un segundo problema: antes he comentado que, por contrato, parte del beneficio económico iba también al propietario del hotel (Matías Barres): si no se registraba en caja ese producto consumido por el cliente, ese porcentaje pactado tampoco iba a parar al bolsillo del propietario (familia Barres).

Una cocina repleta de productos alimenticios, muchos de ellos de calidad, era todo un reclamo para todos aquellos trabajadores que tenían acceso a ésta.

El propio "chispas" de la empresa (el de mantenimiento), entraba en la cocina y se hacía su propio bocata de jamón de pato, producto de alta calidad, sin permiso de nadie: a sus anchas.

Incluso el mismo jefe de cocina, que dio el chivatazo a los mismos responsables del hotel informándoles de que varios de los trabajadores se apoderaban de productos, fue cogido in fraganti robando. Concretamente, se descubrió que en un terreno colindante al hotel en el que él tenía un pequeño huerto, había escondido diversos productos, entre ellos botellas de vino.

Otro detalle del jefe de cocina fue que, aprovechándose de su cargo, amenazó a los propietarios con el tema económico: o le pagaban bajo mano parte de los beneficios de las comidas que él preparaba o los próximos platos que él prepararía "no tendrían una calidad suficiente". Esta amenaza era delicada porque ponía en un serio compromiso el buen nombre del que gozaba el restaurante del hotel.

Algunos de los trabajadores jugaban con dos cartas: una de ellas era que tenían un trabajo en el hotel pero la segunda era que, si su trabajo no era bueno, tendrían que echarles del trabajo y este último detalle se convertía en una ventaja para el trabajador porque la expulsión suponía una buena cantidad económica para el expulsado y una fuerte pérdida para el empresario, que no siempre se podía permitir.

Por tanto, el trabajador no tenía miedo y se podía permitir "jugar" con el empresario.

Como dice el refrán, "de aquellos barros, estos lodos": de ahí que hoy sea mucho más barato que antes expulsar a un trabajador: por los abusos que se producían antaño por parte de no pocos trabajadores. España siempre ha sido un país de picaresca y al final se ha acabado pagando.



UNA MANO NEGRA EN RINERCO S.A.

Rinerco S.A., ya desde su inicio de actividad, además de tener que comerse un marrón (pagar las numerosas deudas que habían dejado los anteriores propietarios, pagar indemnizaciones millonarias a los trabajadores que echaba, etc.), tuvo una mano negra: el mismísimo gerente.

El gerente (del que evitaré poner el nombre por deseo expreso de los antiguos responsables), lo primero que hizo cuando se creó Rinerco S.A. fue ponerse automáticamente un sueldo alto, importándole más bien poco la gestión del hotel.

Era una persona con mucho poder pero con una nula experiencia en gestión.

Él mandaba: si un trabajador tenía que ser expulsado, lo expulsaba él, pero sabiendo que la indemnización la tendría que pagar otro. Matías Barres (propietario) era el que ponía el dinero de esa indemnización. Con esta última frase estoy describiendo una auténtica bomba de relojería: el hecho de que el gerente tuviese tanto poder incluso a nivel económico disponiendo de un dinero (el de Matías Barres) que no era el suyo, sumado a su nula experiencia, hacía que los problemas del hotel estuviesen cogiendo una gran envergadura.



EL DECLIVE Y LA CRISIS DEL ´92

Los tiempos cambian y el hotel del Vallès había ido perdiendo su atractivo con los años. Los hábitos de las familias habían cambiado: se habían vuelto más exigentes y buscaban otros entornos que el hotel no podía ofrecer. Situado al lado de una autovía, no ofrecía un entorno idílico ni ninguna actividad lúdica para que sus huéspedes pudiesen disfrutar de la estancia. Además, se habían acortado las distancias de los viajes y ya no tenía sentido que los conductores parasen a dormir allí. Por si fuera poco, las empresas abarataban costes y ya no enviaban a sus representantes de comercio a dormir en los hoteles.

Aún teniendo a tan sólo 10 minutos de allí el conocido circuito de Catalunya (en Montmeló, inaugurado en 1991), no fue suficiente para que el hotel no pudiese remontar su declive.

Fueron unos años de transición para todos los establecimientos hosteleros de las carreteras españolas. Si bien muchos cerraron porque ya no tenían razón de ser, otros tantos optaron por reconvertirse en clubes de alterne.

A todo esto se le sumaba la crisis del ´92. Fue justo acabar los juegos olímpicos de Barcelona: todo el turismo que había venido a la gran ciudad regresaba a sus países y la actividad constructora y empresarial se paralizaba: empezaba una fuerte crisis en España que lo arrasaría todo.

En diciembre de 1993 cerraba el hotel.

Se ponía punto y final a 24 años de actividad de un establecimiento emblemático. La crisis hizo bajar drásticamente las reservas de las habitaciones y en su restaurante pocos se paraban a comer, entre otras cosas, por la falta de suministro de los proveedores que, ante el riesgo de no cobrar, ya no servían género a éste.

Parte de la treintena de trabajadores que había en ese momento intentaron quedarse el establecimiento a modo de cooperativa pero no hubo acuerdo. Uno de los contras por los que posiblemente no se quedaron con el complejo hotelero fue por la enorme deuda económica que arrastraba. Se calcula que desde la entrada de Rinerco S.A. hasta el cierre definitivo se perdieron unos 300 o 400 millones de pesetas.



EN BUSCA DE COMPRADORES

Como dato curioso, decir que en julio de 1994 volvía a abrir temporalmente para alojar a los vecinos de la zona del Montseny, desalojados de sus casas temporalmente debido al incendio de dicha montaña.

Pero el complejo hotelero hacía tiempo que estaba en venta: de hecho, se puso a la venta desde su última etapa de vida (a partir de la crisis del ´92), cuando todavía registraba actividad.

Hubieron diversos interesados en el complejo, entre otros, el mismo Antonio Catalán, fundador de la cadena hotelera NH (actualmente fundador de la cadena AC). Antonio Catalán y su equipo estuvieron unos 15 días auditando el hotel y observando cómo sus trabajadores desempeñaban sus funciones. Evidentemente, no se lo quedaron.

Otra persona que se interesó por el hotel (en 1997) fue Flora Cadena Senallé. Flora no fue nunca un personaje conocido en la historia reciente de Catalunya: solamente era conocida en su pueblo (y alrededores), Rialp, al norte de Lleida, donde era muy conocida por, entre otras cosas, abrir un hotel de lujo en mitad del campo en una época (década de los ´70) en la que el turismo de alta montaña era inexistente. Gracias a ella el turismo en esa zona fue expandiéndose y ayudó a enriquecer a los habitantes de esa zona olvidada del norte de Lleida.

Flora Cadena finalmente se desentendió de la compra del hotel. Con una frase demoledora ("-este hotel tiene demasiadas puertas y por experiencia sé que por la puerta de la cocina se escapan muchas cosas-") dio por finalizado su interés por la compra del complejo.

El hotel llegó también a anunciarse en un conocido periódico, dando ideas a los posibles compradores con el argumento "ideal residencia 3ª edad":


Josep, uno de los nietos de Matías Barres, me comentaba en una entrevista que en total llegaron a haber unas 200 visitas de posibles interesados en el complejo hotelero. Muchos eran intermediarios e incluso intermediarios de intermediarios. Hubo de todo: desde curiosos que se hacían los interesados, pasando por interesados en seguir con la actividad hotelera hasta los diversos interesados en montar negocios de prostitución.

No se llegó a ningún acuerdo con ninguno de los posibles interesados porque no ofrecían la cifra económica que Rinerco S.A. pedía.

Mientras no se vendía, el hotel del Vallès era alquilado para hacer algún que otro rodaje de películas o vídeo-clips.

En 1999, el director de cine Jaume Balagueró rodó allí su película titulada "Los sin nombre". Dicha película tenía como protagonista a la gran actriz Emma Vilarasau, que interpretaba a una madre cuya hija pequeña había fallecido hacía 5 años. El suspense de la película viene dado cuando, después de esos 5 años, esta hija supuestamente fallecida llama a la madre para decirle que la tienen retenida en el hotel.

Aunque el tráiler de la película es bastante coñazo, la película en sí es muy entretenida y en sus diferentes escenas se puede observar como era el hotel por dentro. Recomiendo verla.



Pero, aunque sea momentáneamente, quiero darle un toque positivo a este reportaje con este vídeo-clip:



Ni más ni menos, el grupo valenciano Revólver, con Carlos Goñi al frente, rodó allí este vídeo-clip de su canción "San Pedro": una de sus más conocidas.

En él se observa como Carlos entra por la cristalera rota que había en el lateral de la entrada de recepción y camina por el pasillo en busca de una habitación.



ROBOS Y VANDALISMO

Una etapa a destacar fue desde el cierre (finales de 1993) hasta su ocupación ilegal (en 2004).

Mientras estuvo cerrado, el edificio constaba de alarmas sonoras que, cuando se activaban, avisaban telefónicamente a Josep (el nieto). Acto seguido él llamaba a la policía y se iban juntos a revisar el hotel.

Un hotel cerrado era toda una tentación para los chatarreros que se acercaban en plena noche y de forma asidua a ver por dónde podían entrar. La alarma sonó bastantes veces durante esos años hasta llegar al punto que Josep acabó harto de tantas veces que tenía que ir a revisar el hotel. Incluso una vez que se acercó en plena noche sin la policía, llegó a detectar la presencia de intrusos dentro lo que hizo que decidiese marcharse a toda prisa de allí.

Uno de los actos vandálicos más brutales que sufrió el hotel fue en el año 2000, poco después de que se emitiera la película "Los sin nombre", rodada allí:

un grupo de chavales de Mollet del Vallès (población cercana) se acercó hasta el hotel con la única intención de reventarlo solamente para disfrute personal: el destrozo fue tal y el escándalo provocado por éstos era tan grande que un vecino que vivía al otro lado de la autovía pudo escuchar esos ruidos.

La policía pudo coger a los vándalos que finalmente no fueron denunciados, según motivos del responsable, porque la justicia era muy lenta y no sabía si finalmente iba a cobrar unos destrozos provocados por unos chavales que era posible que se declarasen insolventes.

En 2001, ya en manos de un nuevo propietario, el hotel sufrió un incendio que afectó a los rellanos del edificio. En principio, el motivo fue fortuito debido al robo de cobre al que ya empezaba a ser sometido. El nuevo propietario no lo estaba cuidando lo suficiente y eso empezaba a notarse.



2001: NUEVO PROPIETARIO Y NUEVO PROYECTO

Bajo acuerdo económico, la familia Barres vende en 2001 el complejo hotelero al constructor Juan Serrano. Según palabras de uno de los entrevistados con los que hablé, el precio no fue satisfactorio para la familia Barres pero había algo que estaba por encima de todo: en esos momentos lo que primaba era quitarse aquel edificio de encima, que en ese 2001 y, tras 8 años cerrado, ya era toda una pesadilla para ellos.

Juan Serrano era un constructor de Granollers (población cercana). En ese 2001 la crisis ya había terminado y el boom de la construcción estaba en pleno auge. El dinero de la compra de ese hotel provenía de los beneficios obtenidos en la construcción y el hotel pasaba a formar parte de su patrimonio.

Con intención clara de reabrirlo, se encontró con un problema: las nuevas normativas.

Más arriba he comentado que el complejo hotelero se encontraba delante de la autovía C-17: aunque la configuración sea la de una autovía (dos carriles de subida y dos de bajada separados por barras de hormigón), a ojos de la Administración no deja de ser una carretera debido a que en diversos tramos se entra o se sale directamente de ella sin haber los respectivos carriles de aceleración o de deceleración.

El acceso al hotel del Vallès era un claro ejemplo de ello: cuando alguien pretendía entrar al recinto en coche, se entraba de golpe poniendo en peligro a los coches que venían por detrás (había que frenar fuerte para entrar) y a los posibles clientes que estuviesen en el exterior del hotel (se entraba directamente al parking a alta velocidad).

Comentaba Toni (nieto de de Matías Barres) en una de las diversas entrevistas que le hice, que hace años ya hubo un accidente por este motivo, cuando un vehículo entró a toda velocidad, chocando contra diversos vehículos estacionados y matando a varias personas. El accidente fue tan fuerte que una de las piernas de uno de los fallecidos salió volando.

He aquí una foto de la entrada al parking, en la que se entraba (y se sigue entrando) directamente desde la C-17:


¿Recuerdas aquella sensación de cuando vas rápido con el coche y hay un cambio de rasante, que el estómago sube y baja? Pues cada vez que entraba en el parking con el coche (durante el reportaje) la sensación era la misma, más cuando el desnivel es considerable y en cada entrada daba la sensación de que los bajos del coche iban a rascar el suelo. Si hubiese llevado un vehículo un poco más bajo fijo que hubiese rascado cada vez.

Casualmente, en la película "Los sin nombre", se pueden observar unos frenazos marcados en el arcén, justo en la zona donde hay que encarar el coche para poder entrar; detalle que ya entonces mostraba claramente el enorme peligro que entrañaba:


La salida era y sigue siendo todavía mucho peor: pasas de estar parado a salir a una carretera / autovía en un tramo que hace bajada y donde los coches suelen ir a 100 - 120 km/h, lo que no es difícil que, si sales mal, te lleves ráfagas o alguna que otra pitada del coche que viene detrás. Yo mismo, cuando hacía el reportaje, de las diversas veces que tuve que salir del hotel a la carretera tuve que utilizar el arcén como carril de aceleración para no tener que hacer aminorar la velocidad a otros conductores. A todo esto, cuando hay mucho tráfico, la salida a la carretera puede conllevar diversos minutos de espera.

Tras adquirir el recinto, Juan Serrano se encontró de bruces con la Diputación. Esta institución obligaba al nuevo propietario a crear un carril de deceleración (para entrar en el recinto) y otro de aceleración (para salir de él). Uno de los problemas que presentaba esta obra era que tenía que coger parte de un terreno colindante perteneciente a otro vecino que, muy probablemente, vendería caro ese trozo de terreno necesario para hacer dicho carril.

Pero el problema más grande sería el siguiente: al crearse un carril paralelo a la carretera hacía que el hotel quedase todavía más cerca de la C-17. Para ello, la Diputación obligaba a situar el hotel más atrás. Evidentemente, esto representaba tirar el hotel al suelo y hacer otro nuevo más atrás.

Para sorpresa de Juan Serrano, el inesperado proyecto pasaría a costar una millonada ya que ni siquiera podía aprovecharse el edificio ya hecho, dejando de ser rentable económicamente debido al inesperado nuevo presupuesto al que se enfrentaría el constructor si quería tirar el proyecto adelante.

Ese fue el toque de gracia del hotel del Vallès, que quedaba tocado de muerte definitivamente.

Juan Serrano abandonó el proyecto y siguió dedicándose a la construcción que, según palabras suyas -eso es lo que da dinero y no el hotel-.





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