Un abandono puede aparecer en cualquier parte e incluso en pleno monte como es el caso de este.


Aclaro: no es que sea un abandono en mitad del monte: es que la vegetación ha crecido, tapando el camino que anteriormente ocupó una vía ferroviaria:


¿Increíble, verdad? Pues esto no es nada con lo que me esperaba más adelante.






Esto que ves a la derecha (a la izquierda en la foto posterior a esta) no es una pared recubierta de hiedra: es otro vagón comido por la vegetación:




Tremendo, ¿verdad?

Pues esto era tan solo el principio.






Cuando conocí este lugar lo primero que pude ver, a través de una foto, fue el frontal del tren que hay al final del túnel...


¿Qué túnel? el que ves al final de este vagón:


Empieza la aventura: ¡y de qué manera!

Para poder acceder al túnel hay que pasar por dentro del vagón. Hasta aquí todo normal:


hasta aquí, porqué a partir de ese momento empezaban las incidencias.

Meterse en un túnel sin saber donde acabará es un riesgo y, viendo el estado en el que se encontraban los vagones, a saber también los desprendimientos que habían habido allí dentro.

Antes de entrar, me quedé unos minutos en silencio, intentando escuchar si había algo o alguien dentro a través del eco. El viento provocaba algunos movimientos de hierros retorcidos dentro del túnel que, junto a los goteos internos de agua, se traducían en ruidos. Esto hacía que en más de una ocasión parecía que en el fondo del túnel, muy al fondo, hubiese alguien. No es agradable permanecer en silencio a la entrada de un abandono intentando identificar los ruidos que escuchas.


Pasado un tiempo prudencial, una vez identificados los ruidos, me dispuse a seguir adelante.

El suelo del vagón, en algunas partes desaparecido, me jugó un par de malas pasadas.

Fue meter el pie en el pasillo y notar como debajo mío cedía, sin posibilidad de sujetarme a nada. Caí prácticamente de frente pero justo al ver que donde iba a caer podría aguantar mi cuerpo, empujé la cámara (que estaba sujetada por el trípode) hacia un asiento para que cayera en una zona segura, sin riesgo de romperse. Fue un acto de reflejos y también porque me interesaba que la cámara no se rompiese: estaba ante uno de los abandonos más bestiales y no quería perdérmelo.

Con mi pierna derecha, colgando entre el suelo del vagón y la vía de tren y mi cuerpo caído, medio tumbado en el asiento, tal como pude me apoyé para levantarme pero la mala suerte hizo que la pierna que tenía colgando, al intentar levantarme y ponerla en alguna otra parte para hacer fuerza y levantarme, no encontrase ningún apoyo y volviese a caer de nuevo contra el asiento.

La primera vez había sido una imprudencia pero la segunda ya era torpeza. Estuve a punto de emitir un grito de rabia pero me callé. Estaba completamente desplomado en el suelo, con dolor en la pierna y pensando seriamente si a mi joven edad estaba llegando al final de mi forma física y si ya había llegado el momento de dejar los abandonos para las nuevas generaciones de exploradores.

Me levanté y hasta que no vi un punto de apoyo fijo no metí el pie. Cogí la cámara, que no había sufrido daños y me metí para dentro, esta vez caminando con muchísima más precaución. Me dolía la pierna pero no estaba rota. Proseguí mientras me maldecía a mí mismo por haber sido tan sumamente imprudente.

La foto, con flash, muestra el estado del suelo, aún siendo mucho peor de lo que parece en la foto.




El vagón visto desde atrás, una vez cruzado:


Llegado al final del vagón y viendo el peligro que entrañaba, tocaba salir de él para meterse de lleno en el túnel: más tenebroso pero mucho más seguro para caminar...


siempre y cuando no hubiese ningún desprendimiento:


La imagen es abrumadora: parece que el tren hubiese quedado ahí después de tener algún accidente o alguna tragedia: la sensación era brutal:








Tuve que pasar por la parte derecha: por la izquierda, como ves, era imposible:


Además, la curva estaba peraltada lo que hacía que el tren estuviese inclinado. A todo esto había que sumar los desprendimientos que habían hecho que éstos empujasen un poco más el tren, provocando una inclinación todavía mayor:






El interior de uno de los vagones:






Habiendo ya dejado de ver definitivamente la luz exterior y metido de lleno en el túnel, la imagen devastadora de los trenes estremece.

La fuerte humedad del ambiente había hecho estragos en los vagones, habiéndose comido la pintura y dejando el óxido a la vista que, junto el lugar donde estaban metidos, hacía que el conjunto diese una imagen completamente terrorífica:




















A medida que iba recorriendo el túnel, me preguntaba cuanto de largo sería ese tren. No tardé mucho en averiguarlo. Aunque no conté los vagones (porque en una situación tensa como en la que me encontraba es lo último que haces), calculo que habían unos 11 (6 en el exterior y 5 en el interior):






El frontal del tren es realmente expresivo: denota tristeza: como si él mismo se hubiese dado cuenta que su final había sido el peor de todos: una muerte lenta y agónica:


La historia de este tren es un despropósito en sí: tanto el tren como los vagones exteriores estaban guardados en una cochera pero al tener que hacer obras en ella, todas estas unidades fueron puestas temporalmente en este túnel con la intención de ser guardadas durante un tiempo para posteriormente devolverlas a la misma cochera, una vez terminadas las obras de ésta... pero a alguien se le olvidó sacarlos de allí de nuevo y allí se quedaron.

Leyendo esta historia no hace falta decir nada más. Lamentable.




Llevo toda la vida en el mundillo de la exploración urbana y he visitado centenares de sitios. Este es uno de los mejores abandonos que he visitado: reúne todas las características para una aventura de este tipo: intriga, incertidumbre, novedad (un tipo de abandono que no es para nada habitual) y riesgo (un túnel sin mantenimiento es un auténtico peligro en tema de derrumbes). Si ya de por sí la adrenalina está en lo más alto, el ir solo a un lugar de estas características sabiendo que si te pasa algo no tienes ni cobertura en el teléfono, hace que la tensión sea máxima. Aparte, el susto de las dos caídas que tuve al principio más una tercera, ya en el exterior, cuando me equivoqué de camino y me caí de cuerpo entero en una zanja oculta por la vegetación.

Hasta que no llegué al coche no respiré tranquilo. Eso sí: tuve que cambiarme de ropa ya que quedó completamente inservible. Una aventura en toda regla que se tradujo en una exploración única en todos estos años como explorador urbano.







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