Recuerdo la primera vez que visité este lugar abandonado. Era en una finca muy grande formada por un par de naves industriales, una de ellas cerrada y otra abierta: solamente tapada por el techo. El resto del terreno era un gran espacio que servía para guardar el material de esta empresa metalúrgica y había también una zona de vías ferroviarias con un par de locomotoras que servían para mover los vagones cargados de material que iban entrando allí.

Era un abandono fascinante: de esos que cuesta de encontrar. El ambiente silencioso y el lugar donde se encontraba (al lado de un bosque) hacía que el miedo se apoderase de mi en cuestión de segundos. Además, iba solo. Era una época en la que yo iba solo a los abandonos: lo hacía así porque por aquellos entonces no conocía a ningún aficionado al tema (¡cómo ha cambiado la cosa!).

Volteé la finca por un camino cercano y desde allí pude ver la grandeza de lo que iba a ser la visita a aquel inmenso abandono. Ver aquel gigante desde lo alto del montículo fue una sensación que recordaré toda la vida: sentí ese miedo que con los años, desgraciadamente, se me ha ido pasando.

Entré por la zona de vías y desde allí bajé escaleras abajo a la nave cubierta. Estaba indefenso ante aquella nave industrial gigante y andaba despacio para escuchar algún ruido extraño que me advirtiese de algún peligro.

Crucé la nave y me metí en otro departamento: las oficinas. Para ello, me quedé en silencio un par de minutos frente a las escaleras para seguir asegurándome que allí no había nadie. Tras la comprobación, subí arriba y pude observar las oficinas completamente destrozadas mientras caminaba por montones de cristales rotos. Estaba todo arrasado y visité solamente una sala: no me metí más adentro porque el miedo era demasiado grande. Tenía las pulsaciones a tope y no pude vencer el miedo. El cuerpo me estaba pidiendo algo lógico: que me fuese de allí y eso hice.

No hice fotos: por aquellos entonces no fotografiaba los lugares abandonados: una lástima porque, aun teniendo una cámara de carrete, hubiese salido un buen reportaje pero quién iba a decir en esos días que hoy dispondría de una web donde publico mis visitas?

Años después, en mi regreso a este abandono, todo había cambiado. La empresa volvía a tener actividad industrial pero sabía que las dos locomotoras seguían estando ahí abandonadas.

Entramos con el coche dentro del recinto y aparcamos tal cual, junto a otros tantos coches que habían allí. Buscamos a algún trabajador de la empresa para que nos diese permiso para poder ir a ver las locomotoras pero no vimos a nadie así que nos introdujimos en la zona de vías sin ser vistos.

Y allí seguían: la imagen visual era genial:




































Detalle de las ballestas, que es un tipo de suspensión utilizado en vehículos pesados para poder aguantar más carga:


Una de las zapatas de los frenos:


y los fusibles, acordes al tamaño del vehículo:




Más atrás se encontraba la zona de maniobras con múltiples cambios de agujas:








A la izquierda, una de las dos naves de la empresa que en su momento recorrí estando completamente abandonada y que en la actualidad estaba en plena actividad industrial:




A medida que nos vamos acercando al final de la zona de maniobras las vías aparecen cubiertas de matojos. La tercera vía, a la izquierda, está completamente tapada por la vegetación:






















En esa tercera vía se encontraba una fosa que servía para que el operario pudiese bajar a reparar las locomotoras por debajo:


Estaba completamente inundada de agua por lo que a primera vista no pudimos ver que profundidad tenía así que decidimos medirla poniendo un palo. El resultado fue sorprendente: la fosa tenía algo más de 2 metros de profundidad: toda una trampa inundada por el agua.


En otro de los agujeros de esta fosa asomaba la vegetación:


En los últimos tramos, la vegetación había invadido por completo la zona de maniobras, tapándola completamente:






Al final del recorrido se encontraba esta vía que conectaba con la vía férrea principal:


El punto exacto donde la vía se juntaba con la principal, ésta última en plena actividad.




Enfrente de las locomotoras...


el final de las vías:


Donde antes maniobraban las locomotoras hoy aparcan los camiones:


Los últimos resquicios de las vías ferroviarias, desaparecidas para dar paso a otros usos:





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