Pasa el tiempo y me sigo preguntando cuantos años tienen que pasar para poder amortizar una infraestructura cómo la que te muestro a continuación.

Porque para construir un edificio de esta magnitud el negocio que alberga (en este caso, una siderúrgica) tiene que ser muy rentable.






Explorando por dentro es inevitable imaginarse la cantidad de actividad que tuvo que tener este sitio en el que el fuego y las llamaradas han dado paso a un lugar carbonizado y oscuro.
















Los transformadores...


y la base de la altísima chimenea:






Desde la chimenea se aprecia la inmensidad del edificio principal:






El ascensor, fotografiado desde la parte de abajo a arriba: vamos, que si se cae, me quedo sin cámara, sin mano y encima me arranca medio brazo...


No hace falta decir nada más: la imagen de este impresionante edificio habla por sí sola:








Era la tarde: caía el sol y los fuertes rayos de éste entraban por los inmensos espacios abiertos provocando un efecto que, por lo descolorido de las siguientes fotos, parecía que estabas dentro de un horno:
























Escaleras arriba, llego a la terraza:










Cómo se observa, toda esa zona era ocupada por inmensas industrias, eso sí, en plena actividad:


Abajo, las traviesas de lo que en su momento habían sido vías para trenes:


Y al lado, una gran zona de maniobras ferroviarias en plena actividad sin relación alguna con el abandono que muestro:


Vuelta al interior:
























La inmensa chimenea vista desde el edificio principal:




Tras una hora y media de exploración la tarde se me cayó encima: me faltó tiempo para poder acabar de ver el lugar.




Me quedé con ganas de más: de hecho, hay lugares que no te los acabarías nunca. Éste fue uno de ellos.



















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