Teóricamente las reglas están hechas para cumplirlas pero lo habitual es saltárselas.

Lo vemos cada día en nuestra vida cotidiana y, de tanto en cuanto, en el mundo de la exploración de lugares abandonos también sucede.

Escribo esta introducción para decir que, cuando hace un tiempo entré en este hotel junto con un amigo, cometimos la imprudencia de saltarnos un par de reglas de exploración que más abajo contaré.


El hotel se encuentra en pleno paraje natural: una zona muy tranquila.

Además, el edificio es altamente llamativo: el hecho de encontrarse al borde de un precipicio lo convierte en un abandono único.




















Las vistas eran un buen patrimonio del hotel.










Todo el suelo del edificio estaba formado por baldosas de rasilla: este tipo de baldosas se usa normalmente en las terrazas por lo que el despropósito de decidir poner este tipo de suelo en todas las plantas del edificio debió ser por un motivo de ahorro de costes.




Además de las vistas, hay algo que llama mucho la atención de este edificio: la arquitectura: tanto en el piso de arriba como en los de abajo llamaba la atención el extraño entramado de pasillos.

Esta es la parte de arriba:




Las habitaciones eran de distintos tamaños y no todas disponían de lavabos: yo creo que la pequeña (ver foto) estaba pensada para algún que otro excursionista que buscaba únicamente pernoctar, sin concesiones a nada más.



Detalles de otras habitaciones:




Había otra más grande que parecía una suitte: era la que tenía la terraza exterior:






Vista la parte de arriba, vuelvo al piso central. Allí se encuentran estas escaleras (parte derecha): las que van a los pisos inferiores. Saber que tienes que bajar por allí da miedo:


Da miedo por tres motivos: el primero por estar en un edificio abandonado, el segundo por la incertidumbre de saber que peligro puedes encontrarte abajo y el tercero porque en caso de peligro no hay escapatoria. Explico mejor esta parte:

normalmente, cuando subes un primer piso siempre tienes la posiblidad de saltar por alguna ventana en caso de emergencia. Si vas abajo, y más en el caso concreto de este hotel, lo que te espera es un precipicio.

Cuando entras en un lugar abandonado tienes que estar preparado para saltar desde un primer piso pero no para saltar por un precipicio: ese era el mayor miedo que tuve al bajar esas escaleras: el no saber como actuar en caso de emergencia.



En todo el recorrido de la escalera se observa un detalle que le daba un toque de lujo: lo que había sido la alfombra, hoy desaparecida.


La típica imagen de un hotel: largos pasillos repletos de puertas.

Cuando estás allí viendo esta imagen, tienes que pararte unos segundos para escuchar cualquier ruido sospechoso. Si ves que todo está correcto entonces hay que revisar con cuidado habitación por habitación para evitar futuros sustos.




A pesar de las baldosas de rasilla, los pisos inferiores estaban recubiertos por moqueta si bien en algunas habitaciones la moqueta también había sido sustraida una vez abandonado el edificio.




Y fue en una de esas habitaciones donde cometimos un par de errores más bien anecdóticos: empujamos una puerta que estaba cerrada y cayó al suelo con el consecuente ruido. Acto seguido, uno de los dos miembros que estábamos allí, sacó la cabeza por la ventana con la mala suerte de que por la carretera de abajo estaba pasando una patrulla de la Guardia Civil con el coche.

Advertí a mi compañero que nos habían descubierto así que salimos corriendo hacia nuestro coche. Nos dio tiempo de sobra porque de la carretera que pasa abajo hasta arriba a la entrada hay unos 5 minutos. Tampoco estábamos haciendo nada pero por si las moscas decidimos salir de ahí.

En el fondo, y en todos estos años que llevo explorando lugares abandonados, cuando nos han pillado hemos acabado hablando con la persona que te ha descubierto pero cuando te ven con la cámara fotográfica se tranquilizan y normalmente la cosa acaba con una cordial conversación.


A pesar de nuestra huida, yo ya había podido hacer varias fotos pero volví un tiempo más tarde a acabar de hacer esas fotos que me faltaron.






Mi vuelta a este hotel, pasados unos pocos años, supuso un respiro para mi: me gustó ver que aunque había pasado un tiempo más o menos largo, el hotel seguía prácticamente igual. Se nota cuando un lugar está "alejado de la civilización" porque sufre menos vandalismo.

Además, a mi regreso, venía con una novedad: una nueva cámara con gran angular: eso permitía que ésta pudiese captar más espacio a la hora de hacer fotos de espacios pequeños como son las habitaciones: menuda diferencia con mi otra cámara.


Otra de las peculiaridades de la arquitectura de este hotel es otro detalle que no había visto en otros hoteles: las columnas en la habitación:










Columnas en las habitaciones, largos pasillos curvados, habitaciones y pisos a diferentes niveles estando en la misma planta, suelos de rasilla... una auténtica rareza en el mundo de los abandonos.










Este hotel es de los abandonos que más me han gustado en toda mi carrera en este campo.

Desgraciadamente, cuando llevas años visitando lugares abandonados, se te acaba pasando un poco ese miedo que se siente al principio.

La primera vez que entré en este edificio lo pasé bastante mal pero años después, cuando volví, no me importó bajar al piso de abajo completamente solo para acabar de hacer esas fotos que me quedaron pendientes. Aún así, reconozco que es de los pocos edificios que todavía siento ese miedo cuando entro dentro: ese cosquilleo en el cuerpo que hace que te pienses dos veces si será mejor entrar o quedarse fuera.





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