Alemania es una potencia mundial.

No lo digo por el hecho de que todos veamos a este país como el "líder de Europa"; basta con ir a dar una vuelta por sus ciudades para darse cuenta de lo grandes que son sus empresas. Los innumerables kilómetros de líneas ferroviarias que hay con su gran cantidad de trenes de mercancías circulando por ellas demuestran la fortaleza de su industria.

Es una país que fabrica calidad y, además, la exporta. Prueba de ello es que el motor de la economía alemana son las exportaciones.

En España lo podemos apreciar en cada rincón ya que aquí es más fácil ver un vehículo alemán que de cualquier otro país. Fue en otro de los puntos que me fijé: mientras que el alemán tiende a comprar un coche acorde a sus necesidades, en España, en demasiadas ocasiones, se tiende a comprar el coche en función a la apariencia.

Es preocupante que en un país mileurista como es el nuestro haya tantos o más vehículos de lujo alemanes que en la propia Alemania, detalle que dice mucho de nosotros y hacia donde camina nuestro país debido a nuestra forma de ser. El alemán es más racional y eso hace que ese país esté donde esté: en lo más alto.


Viajar a un país extranjero para visitar sus lugares abandonados me parecía una auténtica barbaridad. Cuando viajas a algún lugar lo haces para, precisamente, eso: conocer el lugar, sus monumentos, historia, cultura, tradiciones, etc.; pero en los viajes específicios para visitar lugares abandonados, la prioridad es, evidentemente, visitar lugares abandonados.

Esta especie de "turismo de abandonos" hacía tiempo que venía practicándose por parte de un grupo de amigos fotógrafos del campo de los abandonos.

Ellos las denominaban "EQ´s" (Euro Quedadas) y todo aquel que iba, por norma general, repetía. Era toda una experiencia.


Dani, fotógrafo y blogger de "Última Visita" había estado en diversas EQ´s. Fue él quien me introdujo en esta movida. Además, en estas quedadas solía venir Tomás, fotógrafo y blogger de " Y me quedé esperando al tren" y su compañera y también fotógrafa Daphnee. Estos dos últimos se encargaban de organizar los viajes de una manera perfecta, sin margen a posibles sorpresas. Cabe decir que Tomás es mi blogger de lugares abandonados preferido y, aunque tan solo le había visto una vez en persona, era (y es) una persona excelente.

Accedí a hacer el viaje.

Estuvimos unos cuantos días en Alemania y una de las fábricas que pudimos visitar fue esta: una inmensa fábrica de galletas.

La fábrica era extremadamente grande. Tanto, que ocupaba gran parte los dos lados de una calle. Ambos lados estaban comunicados por dos pasillos elevados que atravesaban la calle y que habrás observado en la primera foto.

Accedimos por la puerta principal:


Justo antes de la entrada, en el exterior, había este pasillo con todos estos vehículos en fila: al final del reportaje podrás ver algunas fotos mas:


Grandes fábricas que se convierten en grandes abandonos cuando su actividad cesa para siempre. No tardamos en darnos cuenta que allí dentro íbamos a pasarnos unas cuantas horas.












Tras entrar sin problemas, el primer edificio que visitamos fue este taller de reparación de la propia maquinaria interna de la fábrica. Cuando una fábrica tiene su propio taller de reparación de maquinaria da a entender de que dispone de mucha maquinaria. Esto equivale a que la producción tenía que ser muy grande. No fallaba: incluso en Alemania las galletas se producen a gran escala.






El pasillo que llevaba a unas pequeñas oficinas y a una pequeña aula de formación.










Salimos fuera y nos dirigimos a lo que parecían unas cocheras: desconozco si era un taller de reparación de los posibles vehículos de empresa pero tampoco sería nada extraño viendo la filosofía de esta empresa.

El pasillo marrón elevado que se ve arriba de la foto iba a un almacén situado a unos 150 metros de la fábrica. No visitamos esa parte porque... ¡se nos olvidó!. Como te explicaré en otra parte del reportaje, hay zonas que no visitamos... ¡no nos dio tiempo y lo grave es que estuvimos todo el día!






Tras las primeras fotos, por fin dentro.

Este reportaje consta de tres páginas: la primera y la segunda página muestran la primera de las dos gigantescas naves. En esta primera nave verás lo que eran los almacenes y la zona de oficinas.






La fábrica constaba de varias plantas: inmensos espacios que parecían no tener fin y que daban cuenta de la importancia que había tenido ese lugar cuando su actividad era plena.





































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