No diré nombres: ni del contrabandista protagonista de esta historia ni de la persona que me la contó (a la que mando mi agradecimiento desde aquí).

Forma parte del anonimato que conlleva esta actividad ilegal.


Es una historia realmente peculiar: de esas que te dejan con la boca abierta a medida que te lo van contando. No es para menos.

Nos trasladamos a los años ´60 para hablar de un contrabandista muy particular: un contrabandista de los buenos; tanto, que podía permitirse ciertos excesos.

Por lo general, el contrabandista siempre ha evitado los problemas. Su función ha sido la de llevar la mercancía de un país a otro de la forma más rápida posible.

El contrabandista de esta historia, además, se permitía la arrogancia de pasar conduciendo delante de la Guardia Civil y de qué manera: ¡riéndose de ellos!

Una peculiaridad de este personaje era el medio que usaba: su coche; un Seat 1400; un vehículo muy superior en prestaciones a los demás: ello permitía que saliese airoso de cualquier persecución.


Una vez dejada atrás a la Guardia Civil, se metía por esta pista de montaña con dirección a su casa.

Decenas de años después, somos nosotros los que queremos comprobar ese recorrido que hacía él en sus tiempos.


Era también un contrabandista escurridizo: además de saber escaparse, sabía esconderse. Su casa estaba en un punto muy difícil de encontrar.


El monte es inmenso: en ese punto no se ve ni se escucha nada: es una zona muy tranquila: demasiada.


Continuamos el trayecto y la historia.


Durante años huyó de todos los controles: las Autoridades no podían con él hasta que, finalmente, encontraron su casa.

Un día, una patrulla fue a buscarle a su casa. Fue su madre la que abrió la puerta y atendió a los agentes, los cuales le dijeron que habían venido a buscar a su hijo. Él no estaba: se salvó, pero habían descubierto el lugar donde se escondía: era el final.


Pocos días después, cuando él regresó a su casa, su madre le confirmó la noticia: lo tenían localizado.

Y como personaje escurridizo que era jugó su última carta: lo abandonó todo: dejó abandonada su casa y su Seat 1400. Pero no quiso que las Autoridades le confiscaran el coche: para ello, lo encerró en un cobertizo: lo tapió por todos los lados y el coche quedó escondido allí para siempre. A él tampoco se le volvió a ver más por ahí.


Desde que me contaron esta historia siempre quise ir a ver ese Seat 1400. En abril del 2009 fuimos a revivir esta historia. Tras varios kms. de caminos de tierra el camino se acaba:


En ese punto hay una gran casa pero no era la del contrabandista.


La persona que me llevó hasta aquí me preguntó: -Y bien, ¿sabrías decirme ahora que ruta cogía el contrabandista para llegar a su casa con su coche?- .

Me quedé mirando a mi alrededor y no vi ningún camino ni acceso en el que poder meter un coche.

-¡Joder!...-; es el "joder" que digo yo siempre cuando me preguntan algo y no le encuentro solución a esa pregunta.


No parece que haya ningún camino más: parece que todo acabe allí pero no es así.


La respuesta se halla detrás de nuestro coche.


Desde el lugar donde hice la foto no se ve; tienes que asomarte a cierto punto para verlo.


Una vez asomado, actualmente se ve el camino, pero en los tiempos en que dicho contrabandista vivía en estos lares el camino quedaba tapado. De hecho, siempre estaba tapado; cuando él llegaba con el coche, quitaba los arbustos, metía el coche por el camino y acto seguido volvía a tapar el camino: un sistema rudimentario pero muy ingenioso.


Allí empieza el camino que llevaba hasta su casa: de hecho, a lo lejos, ya se ve algo.




Otra cosa que cuesta de entender, es como un Seat 1400 podía ir con tanta relativa facilidad por esos caminos: al principio el camino no es malo pero luego se complica bastante, al menos para un coche de esas características.




A medida que vamos bajando se puede apreciar la casa... ¡¡y el coche!!




Llegamos a un punto donde hay un riachuelo y el barro te hunde los pies, lo que hace que te vuelvas a hacer la misma pregunta de siempre: ¿un Seat 1400 pasando por aquí?


Pues es cierto: los hechos lo demuestran.


Finalmente, llegamos a la casa...


...¡¡y al coche!!




Han pasado muchos años: el cobertizo que escondía el coche ha caído: su estado es malo pero sorprende su entereza:






Detalle de la pestaña corta-vientos,


panel de la puerta delantera


y velocímetro.


Banqueta delantera de una sola pieza:


Pero vamos a lo que vamos: el coche de un contrabandista tiene una particularidad: los espacios escondidos, en muchos casos, creados expresamente para poder esconder el contrabando. Registramos el maletero y no tardamos en encontrar el primer espacio escondido:


No se ve demasiado, pero aquí ya encontramos otro agujero:


El hueco para la batería:


No encontramos ninguno más y desconocemos si esta botella (que estaba al lado del coche) también había pasado la frontera ilegalmente: es un tema tan interesante que al final siempre te acabas comiendo la cabeza.


Después de tantas décadas sorprende ver, en el cenicero del vehículo, los propios cigarros que fumaba este contrabandista: ¡¡increíble!!

Como detalle curioso, decir que en esa época el tabaco rubio no existía ni tampoco de importación; como mucho, rubio canario y extremeño. Abundaba el negro y el de picadura... por eso sorprende ver tabaco rubio allí:


Otro detalle a tener en cuenta: las ruedas:


¿Porqué un coche no apto para montaña hacía continuamente esta ruta sin quedarse atascado en el intento? en las ruedas de taco encontramos la respuesta:


Detalle de la puerta trasera:




El tercer faro central, lo que demuestra que era un "serie B":


El motor:












Y otro detalle que tampoco nos pasó desapercibido: el coche había tenido varios colores de pinturas distintos:

En su parte trasera se aprecia mejor:


Ahora era blanco, pero en su momento tenía toda la pinta de haber sido azul y posiblemente de algún otro color más (el rojo que se puede apreciar en las distintas partes del coche, o bien puede ser otra tonalidad de color que pudo tener o bien era el color de la imprimación de fábrica) .

Es algo muy habitual en el contrabandismo: cambiar el color del coche para que la Guardia Civil no te reconociese, al menos, de lejos.






Esta historia es una de esas increíbles historias que ha dejado el contrabandismo en Andorra y en el norte de Catalunya.


Acabo el reportaje y me voy. De nuevo, me encuentro en el camino por donde pasaba este Seat 1400... ¡y todavía me sigue costando creer que por estos caminos pasaba un coche tan inapropiado!




El contrabandista protagonista de esta historia falleció hace años pero su recuerdo permanecerá para siempre en ese recóndito lugar.





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