Estaba yo entrando con el coche en el parking de este parador, cuando justo en ese momento salía un señor con su Renault Clio.

Le saludé con la mano. No me conoció. Yo si (por el coche, porqué ya lo había visto hacía un par o tres de semanas).


Es un señor que pasa algunas horas de la tarde en ese parador abandonado. Concretamente en la terraza que hay en la parte trasera. Va paseando de una punta a otra del edificio leyendo un libro.

Anda siempre cabizbajo mientras va leyendo. La primera vez que le vi (cuando estuve haciendo el reconocimiento del parador) él no se percató de mi presencia hasta que prácticamente me tuvo encima. Un hombre despistado.


Se sorprendió al verme: le dije que no se preocupase, que estaba allí para hacer unas fotos (le mostré la cámara) y de paso aproveché para sacarle alguna información acerca del edificio.


Debo ser un mal analista: no me explico cómo se puede ir un negocio así al traste. Se trata de un alojamiento ubicado justo al lado de una de las carreteras más importantes de España, dónde pasan cientos de camiones al día. Si a todo esto le sumamos que en esa misma población se encuentra uno de los monasterios más importantes de España y que miles de fieles y turistas van a verlo cada mes... ¿no veis en este negocio hostelero un beneficio económico?


Pues no. Cuando el negocio empezó a flojear, sus dueños lo traspasaron. El nuevo dueño tampoco pudo levantar este negocio y quedó abandonado.

Se encuentra en un extremo de una Comunidad Autónoma y su futuro quedó sentenciado por falta de ayuda de la Diputación: no le llegaron los fondos económicos que, en un principio, tenían que haberlo convertido en parador.

Sus últimos dueños dejaron a deber una gran suma económica a los proveedores de la zona.

Ésta es la recepción.


Subimos unas cortas escaleras para dirigirnos a otra recepción: la que nos lleva al bar y al comedor.










Estos son los distintos salones que había: de baile y comedor para banquetes.

Y si miras al fondo, el señor del Clio leyendo el libro en la parte exterior.








Detalle del parquet levantado de uno de los tres salones.




Vista de los distintos salones.




El largo pasillo del hotel: este tipo de pasillos es lo que más te echa para atrás, y más cuando vas solo... porqué este reportaje me tocó hacerlo solo ya que el lugar se encontraba lejos de casa y me pilló en pleno viaje.


El pasillo desde el otro lado: era la primera vez que atravesaba por un pasillo de un hotel abandonado. En otra ocasión no me hubiese atrevido pero con el tiempo vas perdiendo parte del miedo que provocan estos lugares.




Una de las habitaciones.






Subo al piso de arriba.






La terraza de arriba del hotel en la que se divisaba toda la parte trasera del edificio.
















Me doy una última vuelta por la parte exterior trasera.




Un salón que nunca se llegó a terminar de construir:




Me decía una vecina del pueblo que cuando se abandonó el hotel quedó intacto, con sus muebles dentro.

Como tantos otros lugares abandonados, este hotel también ha sido saqueado. A veces vemos por la tele países subdesarrollados en los que los saqueos llegan a ser algo prácticamente normal. Pues bien, ya ves que no hace falta irnos de nuestro país para observar estas cosas. En fin: una lástima.











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